13 de diciembre de 2014

Reseña del programa de televisión Meteorite Men

Hola a todos, aquí Carl una semana más. Hoy os traigo una historia que seguro que encantará a todos aquellos que tengan espíritu aventurero. Imaginad por un instante viajar por todo el mundo en busca de rocas espaciales. Suena bien ¿verdad? Pero no os imaginéis idílicos atardeceres en alguna playa paradisiaca bañada por las aguas del Caribe. No. En lugar de eso imaginaos recorriendo a pleno Sol las yermas zonas desérticas del Norte de África, paseando por la vasta estepa rusa o abrigados hasta las cejas en los inhóspitos hielos de la Antártida. En esos recónditos lugares es precisamente donde realizan su trabajo los cazadores de meteoritos, un puñado de personas que consagran sus vidas a la búsqueda incansable de esos pedruscos que vienen del espacio. Si todo eso lo grabamos y lo aderezamos con pequeños toques de humor, el resultado es Meteorite Men.

Meteorite Men

Meteorite Men, los hombres meteorito en español, es un show televisivo protagonizado por Geoff Notkin y Steve Arnold, dos amigos que comparten la pasión por encontrar estos tesoros tan valiosos para la ciencia y también para el bolsillo. Notkin es un geólogo y escritor inglés autor de varios artículos y libros científicos. Arnold es un hombre de negocios estadounidense y experimentado cazameteoritos. Juntos recorren algunos de los lugares más conocidos del planeta o andan tras la pista de bólidos que puedan haber producido nuevos fragmentos.

La clave del éxito que ha tenido el programa radica en la personalidad y el carisma de sus protagonistas. En más de una ocasión seremos testigos de cómo les toca vivir situaciones cómicas de todo tipo. Por ejemplo les veremos luchar contra la dureza del entorno a la vez que tratarán de espantar a unas vacas entrometidas que quieren comerse su equipo. En otro momento confraternizarán a base de chupitos de vodka con unos rusos que les ayudan a excavar. Todo eso y mucho más. No tiene desperdicio.


Pero la gran virtud de Meteorite Men es también su mayor defecto. Está claro que nadie quiere ver por televisión a dos tíos pasando horas y horas investigando sobre los campos de distribución ni ver a un señor de bata blanca analizando con un microscopio piedrecitas de apenas unos milímetros. La gente quiere acción y quiere divertimiento a partes iguales y la verdad es que eso lo consiguen con creces. Sin embargo, yo echo un poco de menos ver los entresijos y bastidores de todo lo que implica hacer una expedición de estas características. Sería interesante ver como preparan sus viajes o cómo hacen la investigación del terreno mucho antes de hacer las maletas y tomar el avión de turno.

En lugar de eso, veremos a los intrépidos Geoff y Steve bajarse de un todoterreno pertrechados con sus sombreros de cowboy y sus detectores de metales para ponerse casi de inmediato a rastrearlo todo. Los primeros hallazgos no tardan en llegar dando la impresión de que encontrar meteoritos es una tarea que cualquiera puede hacer. Quien piense eso y se vaya a buscar por el monte se va a llevar una buena decepción. Encontrar meteoritos es algo muy pero que muy difícil. De hecho, una de las principales virtudes de un buen cazador de meteoritos es la paciencia, el tener la suficiente fortaleza mental como para pasarse largas jornadas a la intemperie sin encontrar absolutamente nada.

En resumidas cuentas, Meteorite Men es un programa divertido, que entretiene y que da a conocer a la gente cómo es un poco este mundillo. Solo por eso merece la pena que le echéis un vistazo a algún que otro capítulo. Eso sí, tened en cuenta que únicamente se encuentra en inglés.

10 de diciembre de 2014

Meteoritos metálicos

Una vez fueron parte del núcleo de un gran asteroide. Los meteoritos metálicos, también conocidos como sideritos, están esculpidos por la acción del aire y el calor al atravesar la atmósfera a enormes velocidades. En ocasiones pareciera incluso como si alguien hubiese moldeado con sus dedos un bloque de arcilla húmeda, dejando marcadas suaves hendiduras a las que llamamos regmagliptos. Pero su apariencia no debe confundirnos ya que los meteoritos metálicos son extremadamente duros.

A pesar de que apenas suponen un 5% de todos los meteoritos que caen, su alta densidad les permite resistir mejor la ablación atmosférica si los comparamos con los meteoritos de tipo rocoso. Eso significa que pueden llegar a impactar contra la Tierra fragmentos de mayores dimensiones capaces de provocar mucha más destrucción. Para hacernos una idea: un meteorito metálico del tamaño de una pelota de fútbol puede pesar más o menos unos veinticinco kilos. Aproximadamente el doble que si estuviera formado por roca.

meteorito metálico
Meteorito metálico con muchos regmagliptos

Los sideritos están compuestos principalmente por una mezcla de hierro y níquel aunque pueden contener además otros elementos en proporciones menores como carbono, cobalto, galio, germanio e iridio. De esta composición se forman dos aleaciones, la camacita y la taenita, que pueden verse en forma cristalizada. Para ello tenemos que cortar con cuidado el meteorito con una sierra de diamante, pulirlo y aplicar ácido nítrico sobre su superficie. Después de esperar unos instantes, aparecerán ante nuestros ojos unos cristales con unas características únicas. No hay nada igual en nuestro planeta.

Ver cómo son estos meteoritos por dentro y cómo crecen los cristales de camacita y taenita nos permite hacer una clasificación según su morfología interna. Lo que tenemos en cuenta aquí es la proporción de níquel que tiene el ejemplar así como el tiempo que ha tardado en enfriarse el metal. Unas líneas finas evidencian un enfriamiento rápido mientras que unas gruesas nos cuentan que el proceso ha sido más lento. 

Dicho esto, podemos encontrarnos con los siguientes tipos:

Hexaedritas: llamados así porque forman cristales hexaédricos (de seis caras). Contienen menos de un 6% de níquel. Cuando esto ocurre solo se forma camacita. Al ser cortados y tratados presentan unas líneas paralelas conocidas como líneas de Neumann.

Octaedritas: forman cristales octaédricos (de ocho caras). Tienen entre un 6% y un 17% de níquel. En estos casos nos encontramos con bandas tanto de camacita como de taenita, que se entrelazan formando lo que se conoce como estructura de Widmanstätten. Son unas líneas que crean un entramado realmente espectacular. En función del grosor de estas líneas, las octaedritas pueden clasificarse a su vez en:

- Muy finas: menos de 0,2 mm.
- Finas: hasta 0,5 mm.
- Medias: hasta 1,3 mm.
- Gruesas: hasta 3,3 mm.
- Muy gruesas: más de 3,3 mm.

Ataxitas: reciben su nombre de la palabra ataxia, que viene del griego y significa desorden. Poseen más de un 17% de níquel. En estos meteoritos casi todo es taenita de modo que la camacita es inapreciable a simple vista. No se forman líneas de ningún tipo.

Anómalos: aquí encontramos aquellos tipos de meteoritos metálicos raros con composiciones inusuales.


Sabemos que los sideritos formaron parte del núcleo de un cuerpo diferenciado, probablemente de un asteroide lo suficientemente grande como para que su propia gravedad provocara que los elementos más pesados, como el hierro, se hundieran hacia el corazón del mismo. En un momento dado, debió producirse un choque tan violento que los fragmentos del núcleo salieron disparados al espacio y cayeron aquí en forma de meteoritos.

La Tierra, al igual que los grandes asteroides, es también un cuerpo diferenciado cuyo núcleo está formado de hierro y níquel. El problema es que el interior se encuentra a más de 6.000 kilómetros de profundidad donde la presión es millones de veces superior a la de la superficie y se alcanzan temperaturas de varios miles de grados. Aunque pueda parecer romántico, hacer un viaje al interior de la Tierra al más puro estilo de la novela de Julio Verne es hoy por hoy absolutamente imposible. Los meteoritos metálicos son por lo tanto la mejor manera que tenemos para conocer como son las ardientes profundidades que se hallan bajo nuestros pies.

4 de diciembre de 2014

El negocio de los asteroides

La Tierra vista desde el espacio es un hermoso punto azulado. Un planeta lleno de belleza, vida y recursos naturales donde hemos tenido la gran suerte de existir. Pero nada es eterno. La población mundial está aumentando sin control, las personas siguen consumiendo a un ritmo desenfrenado y los países rodean la cabeza ante un problema que ya es inminente. De seguir así, muy pronto no habrá nada para nadie y nuestro mundo no podrá ofrecernos lo que precisamos para cubrir nuestras necesidades más básicas.

Quizá en el futuro la solución la tendremos que buscar ahí fuera. En ese sentido, el espacio nos brinda un sinfín de oportunidades que deberemos aprovechar si queremos prosperar como especie. Lo que en este artículo vais a leer puede sonar ciencia ficción, pero lo cierto es que algunos "visionarios" ya se han dado cuenta del problema y han fundado empresas, como Planetary Resources o Deep Space Industries, que pretenden sacar beneficio de la necesidad. Su objetivo: extraer recursos de los asteroides.


Los asteroides son ricos en materiales que escasean en la Tierra. Metales empleados en la industria como el hierro, o preciosos como el oro y el platino, pueden encontrarse y extraerse de estas rocas espaciales en abundancia. De hecho, ya lo estamos haciendo en cierto modo. Algunas de las minas más productivas de la Tierra se encuentran en lugares donde hace millones de años impactaron meteoritos que contenían estos valiosos recursos. Pero si hay un elemento verdaderamente imprescindible para nosotros, ese es el agua.

Dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O) forman la base de las tres cuartas partes de nuestro organismo. Ahora bien, el agua no solo sirve para bebérnosla sino que también juega un papel fundamental en la exploración espacial. Si la descomponemos y separamos sus átomos, podremos obtener hidrógeno líquido, el combustible que utilizan los cohetes para propulsarse. Un solo asteroide podría contener suficiente agua como para suministrar combustible al programa espacial durante años.

El mayor reto será aprovechar todo eso aquí en la Tierra puesto que el mero hecho de mandar una sonda a un asteroide y traerla de vuelta supone ya de por sí un gasto enorme. Podría ser entonces interesante procesar, almacenar y utilizar los recursos directamente en el espacio. De este modo, utilizaríamos los asteroides como una especie de minas espaciales y estaciones de repostaje para reabastecer a las naves tripuladas que se dirijan a Marte o más allá. Somos conscientes de que esto es ir demasiado lejos en la imaginación pero ciertamente no es algo imposible de conseguir con tiempo e inversión.

Mientras tanto, lo más sensato será que seamos responsables y cuidemos de la Tierra. Es nuestro hogar, el único sitio en el Universo que conocemos donde podemos vivir. Podemos y debemos utilizar las energías renovables en la medida de lo posible y hacer un uso eficiente y sostenible de los recursos naturales. Sabemos que nada es eterno. Estamos aquí de paso. Sobre nuestros hombros está la obligación de luchar para que las futuras generaciones puedan disfrutar durante mucho tiempo de este hermoso planeta azulado.

1 de diciembre de 2014

Asteroides

Allí arriba hay millones de toneladas de roca y metal viajando por el espacio a miles de kilómetros por hora. Son los vestigios más antiguos de la formación del Sistema Solar hace 4.600 millones de años. Asteroides, escombros interplanetarios de rumbo errático con capacidad de crear y destruir mundos a su paso.

Como ya dijimos en los conceptos básicos, un asteroide es un cuerpo menor con un diámetro de 50 metros o más que gira alrededor del Sol. Cuando los primeros de estos objetos fueron descubiertos en el siglo XIX, los científicos quedaron desconcertados y no supieron muy bien cómo llamarlos. No eran planetas pero tampoco eran estrellas. Fue entonces cuando el astrónomo inglés John Herschel propuso el término de asteroides, una palabra que viene del griego y que significa objeto con apariencia de estrella. Una definición cuanto menos curiosa si tenemos en cuenta que los asteroides no tienen nada que ver con estos astros rutilantes.

Sea como fuere, en este artículo desvelaremos cómo son estas extraordinarias rocas y nos adentraremos en las profundidades de los lugares de donde proceden. Conocerlos puede salvarnos la vida.

asteroides

Tipos de asteroides según su composición:

Grupo C: son los más oscuros y reflejan muy poca luz. Están compuestos por silicatos hidratados y carbono, de ahí que reciban el nombre de carbonáceos. Son además los más numerosos ya que comprenden hasta el 75% del total de asteroides conocidos.

Grupo S: son mayormente rocosos, formados por silicatos con una cierta cantidad de metales. Representan un 17% del total.

Grupo X: llamado así porque engloba a asteroides de composiciones muy diferentes. Dentro de este grupo nos encontramos con los del tipo M y los del tipo E.

-Tipo M: están compuestos por metales, principalmente de hierro y níquel. Debido a su composición son capaces de reflejar mucha luz. Suponen tan solo el 5% del total. 

-Tipo E: contienen enstatita, un silicato de magnesio del grupo de los piroxenos. Son muy raros y contamos con muy pocos ejemplares. 

-Tipo V: es un tipo especial de asteroides entre los que se encuentra Vesta, el más grande del Sistema Solar, y otros cuerpos más pequeños relacionados con él. Debido a las colisiones que han sufrido, están formados por materiales diversos.


Tipos de asteroides según su ubicación:

Cinturón de asteroides: es un inmenso anillo de rocas de todos los tamaños imaginables que se encuentra entre las órbitas de Marte y Júpiter y que agrupa a la mayor parte de los asteroides conocidos. El destructivo tirón gravitatorio del gigante gaseoso ha impedido que aquí se forme otro planeta.

Asteroides Centauros: son aquellos que están en el exterior del Sistema Solar, orbitando entre Júpiter y Neptuno.

Asteroides Troyanos: comparten las mismas órbitas de los planetas. Los más numerosos son los troyanos de Júpiter.

Asteroides Amor: se aproximan desde el exterior a la órbita de la Tierra aunque no llegan a cruzarse con ella.

Asteroides Apolo: se aproximan desde el exterior y llegan a atravesar la órbita de la Tierra.

Asteroides Atón: tienen una órbita más interna que la de la Tierra, es decir, inferior a 1 unidad astronómica. Se encuentran por tanto más cerca del Sol.

cinturón de asteroides

Los asteroides son objetos que contienen información muy valiosa sobre cómo se originó el Sistema Solar. Son los ladrillos con los que se crearon el Sol y los planetas a partir de una tenue nube de gas y polvo. No obstante, de su faceta creadora se desprende también un enorme potencial destructor. La mayoría de ellos están en órbitas estables y no suponen un gran peligro de momento. Sin embargo, un choque casual entre ellos, la gravedad de un planeta o incluso el calor del Sol pueden desviarlos a una trayectoria de colisión con la Tierra convirtiéndolos en asteroides potencialmente peligrosos. Conviene por lo tanto estar atentos y tenerlos vigilados.

29 de noviembre de 2014

Reseña del programa de astronomía Stellarium

La astronomía es una ciencia que ha evolucionado mucho. Si Galileo, Newton y compañía pudieran montarse en una máquina del tiempo y ver todas las herramientas de las que disponemos en nuestros días, seguramente se morirían de envidia. Hoy vengo a hablaros de un programa que nos hace la vida mucho más fácil a los astrónomos modernos: Stellarium.

Carl Stellarium

Stellarium es un popular software astronómico gratuíto que nos ayuda a localizar todo tipo de objetos celestes. Galaxias, estrellas, planetas... Todo al alcance de nuestra mano desde la comodidad de nuestro hogar. Antes de nada lo que haremos será descargar el programa desde su página web oficial. Seleccionamos el sistema operativo y lo instalamos. El proceso es bastante sencillo.

Una vez que el programa está corriendo, lo primero será elegir nuestra ubicación. Podéis elegir una de las ciudades que ya vienen en la lista o bien introducir las coordenadas exactas. Hecho esto, se sincronizará automáticamente con la fecha y hora de nuestro ordenador y nos mostrará el cielo exactamente como lo veríamos si saliésemos al exterior.

ubicación Stellarium

Utilizar Stellarium es muy fácil. Un par de minutos serán suficientes para hacernos con el manejo básico y movernos por el Universo con total libertad. Podemos acceder a las utilidades esenciales gracias a las barras de herramientas que aparecen en la esquina inferior izquierda de la ventana. La verdad es que más que soltaros una pesada disertación sobre cada opción y aburriros como ostras, os animo a trastearlas un poco vosotros mismos. Como veréis, no tiene pérdida.

A continuación os muestro las opciones más importantes:

opciones Stellarium

Seleccionar ubicación: es importante seleccionar con precisión el lugar desde donde queremos observar el firmamento. A menudo los astrónomos nos vamos a lugares apartados, huyendo de la luz desparramada por las farolas de las ciudades.

Fecha y hora: aquí podemos programar nuestras jornadas de observación ya que nos permite jugar con el tiempo para saber donde se va a encontrar un objeto concreto a una hora determinada.

Opciones de cielo y vista: al pinchar se nos abrirá una ventana con opciones muy interesantes que podemos configurar libremente. Podremos así cambiar la magnitud de las estrellas que queremos ver, el nivel de contaminación lumínica y las etiquetas que nos muestran los objetos, entre otras cosas.

Búsqueda: no hay mucho que decir. Simplemente escribimos el nombre del objeto para localizarlo en el cielo y listo.

Introducir asteroides y cometas:

Stellarium cuenta con una base de datos de más de 600.000 objetos. No está nada mal. Sin embargo, si estáis aquí es porque los cometas y los asteroides os tienen cautivados, ¿no es cierto? Bueno, pues estáis de enhorabuena. Stellarium nos permite conectarnos directamente con el Centro de Planetas Menores para tener a tiro cualquiera de estos objetos que sea de nuestro interés.

Para ello hemos de seguir los siguientes pasos: 
  1. Hacemos clic en configuración.
  2. Entramos en complementos y en el menú de la izquierda seleccionamos editor del Sistema Solar.
  3. Pinchamos en configurar y abajo en un botón que dice importar elementos orbitales en formato MPC. 
  4. Seleccionamos el tipo de objeto y la fuente de donde vamos a tomar los datos. 
Y ya está. Tenemos acceso a cometas, asteroides cercanos a la Tierra y hasta objetos potencialmente peligrosos...

asteroides Stellarium

En resumen, Stellarium es sin duda un programa muy útil del que podemos sacar mucho partido sea cual sea nuestro campo de interés. Una herramienta que todo aficionado a la astronomía debería tener y consultar.

27 de noviembre de 2014

El misterioso suceso de Tunguska

Tunguska, Rusia. Son las siete y cuarto de la mañana en una remota y tranquila aldea siberiana. Sin previo aviso, un objeto cegador atraviesa el cielo, convirtiéndose en una enorme bola de fuego supersónica cuyo brillo compite contra el del mismísimo Sol. Segundos más tarde, un terrible estruendo hace añicos los cristales de las ventanas, sacude los cimientos de las casas y empuja violentamente a la gente contra el suelo. Reina el desconcierto. Aún no lo saben pero han sido testigos de la mayor explosión registrada desde que el ser humano habita la Tierra. Una deflagración más poderosa que mil bombas atómicas cuya onda expansiva arrasa 2.000 kilómetros cuadrados de bosque, dejando tras de sí un paisaje devastado de árboles calcinados.

El suceso ocurrió el 30 de junio de 1908 en una zona despoblada de la entonces Rusia de los Zares. Un hecho afortunado si tenemos en cuenta que de haber caído en una gran ciudad, podría haber reducido a cenizas a millones de personas en cuestión de segundos. El estallido fue tan potente, que sus efectos se sintieron a miles de kilómetros de distancia con total claridad. Así lo comprobaron las personas encargadas de las estaciones sismográficas de toda Europa que no daban crédito a lo que veían. ¿Qué era aquello? ¿se habían vuelto locos los instrumentos de medición? Nada de eso.

bosque de Tunguska
Árboles derribados por la explosión

Durante años no se prestó la más mínima atención a lo ocurrido en Tunguska. No fue hasta 1921, 13 años después del acontecimiento, cuando la Academia Soviética de las Ciencias mandó al lugar a un equipo de científicos liderados por el especialista en minerales Leonid Kulik. Después de viajar durante días a través de la gélida Siberia, llegaron por fin a aquel recóndito lugar. Lo que allí se encontraron fue un paraje desolador de árboles derribados, cuyos troncos parecían apuntar en la misma dirección. Decidieron seguir el rastro de destrucción con la intención de encontrar el epicentro de la explosión. Tal vez allí hallarían evidencias de lo que estaban buscando: meteoritos. Sin embargo, allí no había nada. Ni siquiera un cráter de impacto. Kulik y sus compañeros tuvieron entonces que volver a Moscú con las manos vacías, dejando el misterio sin resolver durante unos cuantos años más.

Durante las décadas de los 50 y los 60, científicos mejor preparados organizaron nuevas expediciones y realizaron importantes descubrimientos. Hallaron enterradas por toda la zona pequeñas rocas fundidas ricas en iridio, níquel y magnetita, elementos que hoy sabemos que están presentes en cometasasteroides.  

Con estas pistas, los científicos creen que lo que pasó en Tunguska fue provocado probablemente por un cometa helado de unos 100 metros de diámetro, como un campo de fútbol, que con un millón de toneladas de peso entró en la atmósfera a 30 kilómetros por segundo. La mayor parte del hielo que lo formaba se derritió por el calor de la fricción mientras que las partes no heladas procedentes del núcleo estallaron en mil pedazos a 8 kilómetros de altura. No se produjo ningún cráter porque el objeto nunca llegó a impactar contra el suelo. Después de casi cien años de investigación, encontramos respuestas: la destrucción la produjo la enorme onda expansiva de una explosión en el aire.

Pero esto no acaba aquí. Cuentan las historias que en las noches que siguieron a la explosión había tanto resplandor en el cielo, que la gente podía leer el periódico a media noche sin necesidad de encender las lámparas. Este misterio, y otros muchos, todavía no han podido ser explicados del todo.

26 de noviembre de 2014

Reseña de la película Armageddon

armageddon
Hola a todos, aquí Carl para serviros. Recientemente los chicos de la AECA me han pedido que colabore de vez en cuando con el blog. Aprovecharé pues los pequeños momentos libres en los que no ando divagando por el cosmos para expresar aquí mi opinión sobre los temas más variopintos.

Hoy os quiero hablar de la película Armageddon. No sé si os habéis dado cuenta de una cosa pero parece que las catástrofes están de moda. Tsunamis, epidemias y hasta invasiones de extraterrestres empeñados en arrasar Nueva York. Por cierto, ¿Qué manía tienen con destruir siempre la misma ciudad?

Bueno a lo que íbamos. Armageddon es una película de catástrofes. En concreto de un asteroide que no se sabe de donde ha salido y que amenaza de muerte al planeta Tierra. Por supuesto, los humanos no nos íbamos a quedar de brazos cruzados y vamos a poner todo nuestro empeño y coraje para destruirlo. Está bien, seamos más precisos: los de Estados Unidos van a destruirlo. Como siempre...

Protagonizada por Bruce Willis, Ben Affleck y la guapísima Liv Tyler, el film transcurre dentro de lo predecible y no faltan todos los ingredientes clásicos de cualquier producción hollywoodiense: el héroe, el amor imposible y efectos especiales por doquier. A destacar especialmente la espectacular escena en la que una lluvia de meteoritos machaca Nueva York. En toda película de catástrofes que se precie Nueva York debe ser destruida sí o sí. Ya lo sabíais ¿no?


En contra tenemos que señalar en rojo la gran cantidad de despropósitos y errores astrofísicos con los que nos encontramos. Señores, ¡que las explosiones en el espacio no suenan! Además de eso, los empleados de la NASA quedan en varias ocasiones retratados como unos verdaderos patanes que no saben ni por donde sopla el viento. Miedo me daría que los responsables de salvar al mundo fueran así de verdad.

Creo que Armageddon debe ser vista teniendo en cuenta que se trata de una película de ciencia ficción. Si no perdéis de vista eso, seguro que la disfrutaréis mucho. Es entretenida, tiene acción, tiene humor, tiene drama y una banda sonora muy buena según mi gusto. En mi opinión, de obligado visionado para todos los colgados por los pedruscos espaciales.

Bueno eso fue todo por hoy. Si habéis visto la peli y queréis dar vuestra opinión, estaré encantado de leer vuestros comentarios.

¡Hasta pronto!

23 de noviembre de 2014

Escala de Turín: el peligro está ahí fuera

En el espacio hay millones de objetos cercanos a la Tierra que podrían ser potencialmente peligrosos para la vida. Cometas, asteroides y meteoroides de todo tipo y dimensiones, que van desde pequeños granos de arena hasta el tamaño de países enteros, han caído en el pasado e impactarán sin duda en nuestro frágil planeta en el futuro.

Es solo una cuestión de tiempo que un acontecimiento como el que mató a los dinosaurios vuelva a repetirse. Asteroides relativamente pequeños, de apenas 1 kilómetro de diámetro, podrían causar una devastación a escala mundial capaz de acabar con la civilización y gran parte de las especies animales y vegetales. El mundo tal y como lo conocemos hoy jamás volvería a ser el mismo.

Para medir la peligrosidad y la probabilidad que tiene un objeto de impactar contra la Tierra, tenemos la Escala de Turín, llamada así por ser esta la ciudad italiana donde fue presentada por primera vez. Está basada en niveles y colores. El nivel 0 (Blanco) implica un peligro nulo mientras que el nivel 10 (Rojo) supone la destrucción total:

Riesgo Nulo
(Blanco)
0La probabilidad de colisión es prácticamente cero. También se aplica a pequeños objetos como bólidos y meteoros que se desintegran en la atmósfera así como a caídas de meteoritos que rara vez causan daños.
Riesgo Normal
(Verde)
1La probabilidad de colisión es extremadamente baja y no es merecedora de atención pública. Futuras observaciones seguramente reasignarán al objeto el nivel 0.
Objeto a seguir
(Amarillo)
2La colisión es muy improbable. Puede merecer la atención de los astrónomos aunque no es motivo de preocupación para la sociedad. 
3Existe una probabilidad de colisión del 1% o mayor capaz de causar destrucción a nivel local. Merece el estudio de los astrónomos y la atención pública si el encuentro se va a producir en menos de 10 años. 
4Existe una probabilidad de colisión del 1% o mayor capaz de causar devastación a nivel regional.  Merece el estudio de los astrónomos y la atención pública si el encuentro se va a producir en menos de 10 años.
Objeto amenazante
(Naranja)
5Encuentro con un objeto que supone una seria amenaza de devastación a nivel regional. Es importante la intervención de los astrónomos para determinar si finalmente ocurrirá la colisión. Deben activarse planes de emergencia si el encuentro está previsto que se produzca en menos de 10 años.
6Encuentro con un gran objeto que supone una seria amenaza de catástrofe a nivel global. Es importante la intervención de los astrónomos para determinar si finalmente ocurrirá la colisión. Deben activarse planes de emergencia si el encuentro está previsto que se produzca en menos de 30 años.
7Encuentro muy cercano con un gran objeto que supone una seria amenaza de catástrofe a nivel global. Para una amenaza de estas características deben activarse planes de emergencia internacionales, especialmente para determinar con urgencia si finalmente ocurrirá la colisión. 
Colisión segura
(Rojo)
8Colisión segura con un objeto capaz de causar destrucción a nivel local si cae en tierra o posiblemente un tsunami si cae en el mar. Un evento de estas características ocurre una vez cada 1.000 años.
9Colisión segura con un objeto capaz de causar una devastación sin precedentes a nivel regional si cae en tierra o un gran tsunami si cae en el mar. Un evento así ocurre una vez cada 10.000 años.
10Colisión segura con un objeto capaz de causar una catástrofe climática a nivel global que puede amenazar la civilización tal y como la conocemos, con independencia de si cae en tierra o en el mar. Un evento así ocurre una vez cada 100.000 años.

Desde la AECA no queremos ser alarmistas. Lo que pretendemos es concienciar a la sociedad de la vital importancia que tiene el estudio de los cuerpos menores. Desgraciadamente los recursos dedicados a estos asuntos son muchas veces insuficientes o directamente inexistentes.

Os mantendremos informados.

21 de noviembre de 2014

Fobos y Deimos: los asteroides que se convirtieron en lunas

Fobos y Deimos eran los briosos caballos que tiraban del carro de combate de Marte, el dios de la guerra, conduciéndolo valerosamente a la contienda. Fobos significa pánico y Deimos terror. Cuando en 1877 el astrónomo estadounidense Asaph Hall descubrió un par de pequeñas rocas dando vueltas alrededor del planeta rojo, tuvo la feliz idea de bautizar a los dos nuevos satélites de la misma manera. Lo cierto es que no pudo haber elegido un nombre mejor para estas enigmáticas lunas.


La mayoría de los satélites del Sistema Solar se formaron a partir de la unión de escombros que rodeaban a los planetas. Poco a poco, las pequeñas rocas iban chocando unas contra otras, atrayéndose mutuamente hasta llegar a formar cuerpos más grandes. Es el fenómeno que conocemos como acreción. Sin embargo, el origen de las lunas marcianas parece ser distinto y durante mucho tiempo ha supuesto todo un misterio para los astrónomos.

Fobos y Deimos son pequeños, tienen forma de patata y su composición es un tanto extraña como para estar emparentados con Marte ya que son más negros que el carbón. Hoy pensamos que realmente se trata de dos asteroides de tipo C (carbonáceos) que tuvieron la osadía de acercarse mucho al planeta rojo. La fuerza de gravedad los atrajo, quedaron atrapados en su órbita y se convirtieron en satélites.

Fobos es el más grande de los dos. Mide aproximadamente 22 kilómetros de diámetro y es muy veloz. Si tenemos en cuenta que nuestra Luna tarda 28 días en orbitar la Tierra, Fobos tarda menos de 8 horas en completar una vuelta alrededor de Marte. Eso significa que si algún día llegamos allí podremos ver a Fobos salir y ponerse por el horizonte dos veces al día.

Fobos
Imagen de Fobos

Algo que llama mucho la atención de Fobos es que es un satélite extraordinariamente liviano. Es tan ligero que incluso durante años algunos científicos, como Carl Sagan, llegaron a creer que pudiera estar hueco por dentro. Otros llegaron a decir que se trataba de una especie de nave tripulada por una civilización extraterrestre avanzada… Nada más lejos de la realidad. A pesar de todas las especulaciones más o menos serias (o disparatadas), las misiones espaciales han demostrado que todo eso no es cierto y que la densidad de Fobos es en efecto baja pero perfectamente normal.

Este satélite tiene además el honor de ostentar otro récord cósmico: se encuentra a menos de 6.000 kilómetros de altura, lo cual lo convierte en el satélite más próximo a un planeta de todo el Sistema Solar. Su destino es por ello poco esperanzador. El estudio de su órbita y velocidad de caída muestran que acabará estrellándose violentamente contra la superficie marciana dentro de unos 50 millones de años.

Deimos por su parte es la más pequeña y la más alejada de las lunas de Marte. Mide apenas 13 kilómetros y completa su órbita en unas 30 horas. Si la comparamos con su hermano mayor, su superficie es más lisa, cubierta por regolito, y presenta menos cráteres. Uno de estos cráteres fue precisamente bautizado con el nombre de Swift en honor al escritor irlandés Jonathan Swift, quien en 1726 en su obra Los Viajes de Gulliver predijo la existencia de Fobos y Deimos 150 años antes de su descubrimiento oficial.

Deimos
Imagen de Deimos

Fobos y Deimos fueron dos asteroides que jugaron a ser lunas y allí están ahora bailando con Marte en la inmensidad del espacio. Dos satélites muy particulares y curiosos que despiertan la imaginación de todos aquellos que estamos locos por el Universo.

19 de noviembre de 2014

Estrellas fugaces y lluvias de estrellas

Cada noche pueden verse pequeñas trazas de luz surcando el firmamento como si de pequeñas luciérnagas se tratase. Son conocidas popularmente como estrellas fugaces y, aunque la gente les pide deseos, en realidad no se trata de estrellas que caen del cielo. Son meteoros, un fenómeno luminoso provocado por la entrada en la atmósfera de pequeños fragmentos de roca y polvo.

Estas partículas interplanetarias se encuentran esparcidas por todo el Sistema Solar y tienen un tamaño que va desde pequeñas piedras a granos de arena. Ocasionalmente estos fragmentos colisionan con la Tierra a una velocidad de vértigo, pudiendo llegar a alcanzar los 72 kilómetros por segundo. A estas velocidades el rozamiento con la atmósfera hace que se calienten a miles de grados centígrados en muy poco tiempo y se pongan incandescentes. Cuando esto ocurre, siempre fieles a su nombre de fugaces, se funden instantáneamente a unos 100 kilómetros de altura permitiéndonos ver su resplandor.

lluvia de estrellas

En determinadas épocas del año puede apreciarse una mayor cantidad de meteoros; Son lo que conocemos como lluvias de estrellas o, más propiamente dicho, lluvias de meteoros. Se producen cuando en su viaje alrededor del Sol la Tierra atraviesa una zona por donde antes ha pasado un cometa. Como sabemos, un cometa es un cuerpo compuesto básicamente por hielo y rocas que cuando se acerca al Sol se calienta y va desprendiendo parte del material del que está compuesto. Lo que ocurre entonces es que parte de estos residuos se quedan flotando en una zona determinada del espacio conocida como enjambre.

Al contemplar una lluvia de estrellas, uno tiene la impresión de que los meteoros provienen siempre de una zona concreta del cielo. Esta zona se llama radiante y es muy importante localizarla para poder disfrutar plenamente del fenómeno. Así, por ejemplo, las Perseidas reciben ese nombre porque su radiante se encuentra localizado en la constelación de Perseo.

Las lluvias de estrellas más importantes ordenadas por fecha de máximo son:

Nombre
Radiante
Época
Fecha de máximo
Cuadrántidas
Boyero
1 ene – 5 ene
3 de enero
Líridas
Lira
16 abr – 26 abr
22 de abril
Virgínidas
Virgo
1 abr – 12 may
25 de abril
Bootidas
Boyero
14 abr – 12 may
28 de abril
Acuáridas
Acuario
19 abr – 28 may
5 de mayo
Capricórnidas
Capricornio
26 abr – 25 may
11 mayo
Sagitáridas/Escorpiónidas
Sagitario/Escorpión
1 jun – 15 jul
18 de junio
Perseidas
Perseo
17 jul – 24 ago
12 de agosto
Cígnidas
Cisne
2 ago – 28 ago
18 de agosto
Aurígidas
Auriga
24 ago – 5 sep
1 de septiembre
Oriónidas
Orión
5 oct – 5 nov
21 de octubre
Táuridas
Tauro
1 oct – 26 nov
5 de noviembre
Leónidas
Leo
29 oct – 30 nov
17 de noviembre
Gemínidas
Géminis
7 dic – 16 dic
14 de diciembre

En una lluvia de estrellas podemos ver varias decenas de meteoros a la hora, la mayoría de los cuales varían en su magnitud entre 0,75 y 3,75. Si su brillo es superior al del planeta Venus, con una magnitud aparente de 4, entonces no estaremos ante un meteoro sino ante otro fenómeno parecido pero distinto: un bólido

Observar una lluvia de estrellas es sencillo ya que no necesitamos más que nuestros propios ojos para disfrutar del espectáculo. Es recomendable, eso sí, que de ser posible nos desplacemos a un lugar oscuro alejado de la contaminación lumínica de las grandes ciudades. Asimismo, es también preferible ir en noches sin Luna o, al menos, cuando la fase lunar refleje poca luz. Solamente así podremos admirarlas en todo su esplendor.

12 de noviembre de 2014

La sonda Rosetta alcanza a un cometa

El 12 de noviembre de 2014 será recordado como el día en el que se logró uno de los grandes hitos de la exploración espacial: un ingenio creado por el ser humano logra posarse por primera vez sobre un cometa.

sonda Rosetta
Representación de la sonda Rosetta y el módulo Philae

La aventura comenzó diez años atrás. Los motores del cohete Ariane 5 rugieron en la mañana del 2 de marzo de 2004 en el centro espacial de Kourou, Guayana Francesa, llevando consigo a Rosetta, la sonda de la Agencia Espacial Europea destinada a hacer historia. El trayecto del pequeño artefacto fue largo y no exento de dificultades. Una década de viaje a través del espacio en el que tuvo que orbitar hasta tres cuerpos celestes distintos (el Sol, la Tierra y Marte) aprovechándose de su tirón gravitatorio para así ganar velocidad y poner rumbo a su destino final: el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko

En su ir y venir a través del Sistema Solar, Rosetta tuvo la oportunidad de pasar cerca de los asteroides (2867) Šteins y (21) Lutecia. Realizó numerosas fotografías y nos proporcionó imágenes que desvelaron muchos detalles de su superficie. Fue una ocasión única para poder observar el aspecto real de dos asteroides dado que los telescopios más potentes de los que disponemos actualmente, como el Hubble, apenas nos los muestran como diminutos puntos o a lo sumo como unas imágenes pixeladas sin detalle alguno.

asteroide Steins          asteroide Lutecia

A fin de ahorrar energía, el 8 de junio de 2011 se apagaron los sistemas y la sonda fue puesta en hibernación. Durante dos años y medio Rosetta navegó en solitario por el frío espacio hasta que el 20 de enero de 2014 "despertó" según lo previsto. Comenzaba la fase más importante y crucial de la misión: intentar ponerse en la órbita del cometa y lanzar un pequeño módulo de aterrizaje al que se bautizó con el nombre de Philae. La maniobra en sí misma fue toda una proeza dadas las condiciones físicas a las que tuvo que enfrentarse. Philae, que en la Tierra tenía un peso aproximado de 100 kilos, en el cometa pesa apenas un gramo.

Según se iba aproximando más y más, se nos fueron mostrando las características del cometa al que los científicos de la ESA apodaron con el diminutivo de “Chury”;

Diámetro: 4,1 km
cometa 67/P
Masa: 1 x 1013 kg
Densidad: 0,4 g/cm³
Gravedad: 0,001 m/s2
Rotación: cada 12,4 horas
Periodo orbital: 6,6 años
Velocidad: 38 km/s
Afelio: 5,68 UA
Perihelio: 1,26 UA
Magnitud aparente: entre 11 y 20

Finalmente, el 12 de noviembre de 2014, Philae se posó sobre la superficie del cometa aunque tuvo que afrontar serios problemas. Los arpones del sistema de anclaje fallaron y fueron necesarios hasta tres intentos para conseguirlo.

Después de todas las dificultades vividas, más de 500 millones de kilómetros recorridos y diez años de viaje, lo logramos. Hemos llegado a un cometa y lo hemos estudiado a un nivel que nos permitirá conocer más acerca de la formación del Universo en el que vivimos. Estamos sin duda ante otro gran paso para la humanidad.

11 de noviembre de 2014

Cometas

Los cometas son uno de los más hermosos espectáculos que nos regala el universo de vez en cuando. Contemplar a simple vista esa pincelada de luz resplandeciendo sobre el tapiz de la noche es algo que marca la vida de quien lo contempla para siempre.

cometa
Cometa McNaught

Lejos del Sol, los cometas son unos conglomerados inactivos, poco densos, formados por silicatos, metales, grafito y hielo de agua principalmente. Cuando se acercan al astro rey, a partir de la distancia de Júpiter, el calor sublima los materiales volátiles formando a su alrededor una nube que recibe el nombre de coma o cabellera. La radiación solar ioniza esta nube, la hace luminosa y es entonces cuando podemos ver el cometa. Por último se forman las colas.

Los cometas presentan dos clases de colas: una, de color ocre, formada por las partículas desprendidas del núcleo que puede presentar una curvatura hacia atrás según la trayectoria. La otra cola es plasma, de color azul, formada por la acción del viento solar sobre los gases ionizados. Esta segunda cola es por el contrario rectilínea. En los grandes cometas las colas pueden llegar a extenderse hasta 100 millones de kilómetros y son todo un deleite para la vista.

cometa
Cometa Hale-Bopp con sus dos colas

Por sus órbitas, a los cometas se los puede clasificar en dos grupos: los periódicos o “antiguos” y los “nuevos”. Los primeros han pasado ya varias veces cerca del Sol mientras que los otros tienen órbitas tan largas que es posible que hayan pasado una única vez. Algunos incluso puede que no vuelvan nunca más por lo que contemplarlos es un acontecimiento único e irrepetible en la historia.

Contrariamente a lo que mucha gente pudiera creer, los cometas son más bien oscuros a causa de la presencia de compuestos carbonados. Esto se evidencia aún más en el caso de los cometas antiguos en los que los sucesivos pasos cerca del Sol han ido eliminando los materiales de las capas más superficiales.

Pero, ¿de dónde vienen los cometas? Esta es sin duda la cuestión que ha inquietado a los astrónomos durante siglos. Aunque todavía queda mucho por investigar, parecen ampliamente aceptadas las teorías de los astrónomos Kuiper y Oort, que a mediados del siglo pasado postularon la existencia de dos grandes reservorios de cometas, conocidos como el cinturón de Kuiper y la nube de Oort respectivamente. El cinturón de Kuiper se encuentra más allá de Neptuno, donde orbitan los objetos transneptunianos como el planeta enano Plutón. La nube de Oort por su parte está situada mucho más lejos, entre 10.000 y 50.000 unidades astronómicas respecto del Sol. Se piensa que puede tratarse de restos de la nebulosa primitiva que fueron expulsados al exterior del Sistema Solar durante su formación.


Con todo, los cometas son mucho más que espectáculos de luz en el firmamento. Se cree de hecho que algunos de los componentes esenciales para la vida, como el agua y el carbono, llegaron a la Tierra a través de estos cuerpos celestes. Es lo que se conoce como teoría de la panspermia que, de ser cierta, supondría que la vida, nuestra existencia misma, procede del asombroso resplandor de los lejanos cometas.

8 de noviembre de 2014

Meteoritos de la Luna

Desde que el hombre empezó a dar sus primeros pasos sobre la faz de la Tierra se sintió muy pronto sobrecogido al dirigir la mirada al firmamento. En él titilaban incontables puntitos que parecían salpicar la bóveda celeste, dibujando grácilmente formas que hicieron volar sin límite su imaginación. Pero si hubo algo que siempre fascinó a nuestros antepasados fue el incomparable fulgor de la Luna iluminando el cielo nocturno.

Para los astrónomos que estudiamos los cometas y asteroides, la Luna supone una preciosa fuente de información por diversos motivos:

En primer lugar porque las condiciones que hay en ella permiten que su superficie permanezca prácticamente inalterada durante milenios. En efecto, su insignificante atmósfera y su gran estabilidad geológica contribuyen a que los cráteres de impacto ocasionados por meteoritos apenas se erosionen. Gracias a ello podemos estudiarlos y comprender mucho mejor sus efectos. Esto es más difícil de llevar a cabo en la Tierra debido a que el proceso de meteorización va poco a poco borrando las señales de impacto y degrada los restos meteoríticos que hayan podido quedar.

cráter Luna
El cráter Copérnico se produjo hace 1.100 millones de años

Otra de las razones por las que resulta interesante el estudio de la Luna es el saber que algunos de los impactos se produjeron con tal potencia que parte del material lunar salió eyectado a gran velocidad, consiguió escapar de la atracción gravitatoria del satélite y finalmente salió flotando al espacio. Eventualmente estos restos lunares se cruzaron con la órbita de la Tierra, atravesaron su atmósfera y acabaron llegando a la superficie en forma de meteoritos. Un viaje realmente extraordinario.

Podemos afirmar por lo tanto que, además de todo el material recogido por las misiones soviéticas y norteamericanas durante el siglo pasado, es posible estudiar rocas lunares sin haber pisado nunca la Luna. Podemos ir incluso más allá, ya que en función de la composición de estas rocas somos capaces de saber de qué zonas provienen. Echémoslas un vistazo:

Brechas regolíticas de anortosita: son el tipo más común de meteorito lunar. Proceden de las zonas altas. El regolito, polvo y pequeños fragmentos de roca, está presente en toda la superficie pero el de estas zonas está compuesto fundamentalmente de feldespato con clastos de anortosita.

meteorito lunar
Meteorito NWA 2995, brecha regolítica

Basaltos: proceden de las zonas bajas de la Luna, también llamadas “mares”. Son un tipo de rocas ígneas que se formaron debido al choque de cuerpos de gran tamaño. Estos cuerpos generaron grandes depresiones y grietas a través de las cuales fluyó magma del interior del satélite que cubrió la cuenca de impacto. Estas rocas volcánicas están compuestas principalmente por olivino, piroxeno y plagioclasa. 

meteorito lunar
Meteorito NWA 2977, basalto triclínico

Brechas mezcladas: existen brechas que contienen fragmentos de diferentes composiciones. En ellas se mezclan los clastos de anortosita de las tierras altas con el olivino de las tierras bajas.

meteorito lunar
Meteorito NWA 2727, brecha mezclada

En la AECA centramos parte de nuestras observaciones astronómicas en la Luna, nuestra inseparable compañera de viaje a través del espacio. Son muchas las cosas que hemos aprendido de ella y muchos los secretos que aún guarda y están por desvelar.

3 de noviembre de 2014

El meteorito que mató a los dinosaurios

Hace 65 millones de años la Tierra era un planeta fértil y exuberante. Una roca de apenas 10 kilómetros de diámetro impactó en lo que hoy es el Golfo de México con una potencia equivalente a 100 millones de bombas atómicas. En una fracción de segundo, toda el agua en 150 kilómetros a la redonda se convierte en vapor y cualquier ser vivo en un radio de 300 kilómetros muere al instante. Terremotos de una magnitud inimaginable y erupciones volcánicas se sucedieron a continuación por todo el globo mientras olas gigantescas arrasaron las costas. Por si esto fuera poco, miles de millones de toneladas de roca de la corteza terrestre se precipitaron al espacio y volvieron a caer en forma de meteoritos atraídos por la gravedad en un bombardeo que arrasó cada rincón del mundo.

Los animales y plantas que sobrevivieron a este cataclismo tuvieron que hacer frente al invierno nuclear. Un cambio climático radical provocado por el polvo en suspensión resultante que bloqueó los rayos del Sol durante meses. Las plantas murieron al no poder hacer la fotosíntesis. Los herbívoros que se alimentaban de esas plantas murieron de inanición y a su vez, los carnívoros que cazaban a esos herbívoros se quedaron sin presas. El resultado: la extinción de más del 70 % de las especies.


Las cicatrices de este impacto son visibles hoy en el llamado cráter de Chicxulub, en la península de Yucatán. Se trata de una enorme depresión de 180 kilómetros de diámetro que se extiende por tierra y por mar y que solo pudo ser generada por un meteorito de unos 10 kilómetros de diámetro. Es asimismo destacable el hecho de que en el área circundante al cráter se hayan encontrado tectitas, fragmentos de arena fundida que se producen por el descomunal calor que se genera en un impacto de tales características.

meteorito dinosaurios
Lugar del impacto del meteorito

Pero si hay una prueba verdaderamente concluyente de este suceso es la presencia de una fina capa de iridio entre los estratos de la corteza terrestre correspondientes al Cretácico, periodo de la gran extinción, y el Terciario. Teniendo en cuenta que el iridio es un metal extremadamente raro en la Tierra, que está presente en los meteoritos, es posible explicar la anómala concentración de este elemento extraterrestre justamente en esa época.

iridio
Capa de iridio que marca la frontera entre el Cretácico y el Terciario

Tal vez la caída del meteorito que mató a los dinosaurios pueda parecer un suceso lejano en el tiempo pero lo cierto es que la Tierra ha sufrido no uno sino varios impactos del estilo o incluso mayores. Si sucedió antes, volverá a suceder. Para cuando eso ocurra, si es que aún seguimos aquí, tendremos que dar una respuesta.

¿Estaremos preparados?