13 de diciembre de 2014

Reseña del programa de televisión Meteorite Men

Hola a todos, aquí Carl una semana más. Hoy os traigo una historia que seguro que encantará a todos aquellos que tengan espíritu aventurero. Imaginad por un instante viajar por todo el mundo en busca de rocas espaciales. Suena bien ¿verdad? Pero no os imaginéis idílicos atardeceres en alguna playa paradisiaca bañada por las aguas del Caribe. No. En lugar de eso imaginaos recorriendo a pleno Sol las yermas zonas desérticas del Norte de África, paseando por la vasta estepa rusa o abrigados hasta las cejas en los inhóspitos hielos de la Antártida. En esos recónditos lugares es precisamente donde realizan su trabajo los cazadores de meteoritos, un puñado de personas que consagran sus vidas a la búsqueda incansable de esos pedruscos que vienen del espacio. Si todo eso lo grabamos y lo aderezamos con pequeños toques de humor, el resultado es Meteorite Men.

Meteorite Men

Meteorite Men, los hombres meteorito en español, es un show televisivo protagonizado por Geoff Notkin y Steve Arnold, dos amigos que comparten la pasión por encontrar estos tesoros tan valiosos para la ciencia y también para el bolsillo. Notkin es un geólogo y escritor inglés autor de varios artículos y libros científicos. Arnold es un hombre de negocios estadounidense y experimentado cazameteoritos. Juntos recorren algunos de los lugares más conocidos del planeta o andan tras la pista de bólidos que puedan haber producido nuevos fragmentos.

La clave del éxito que ha tenido el programa radica en la personalidad y el carisma de sus protagonistas. En más de una ocasión seremos testigos de cómo les toca vivir situaciones cómicas de todo tipo. Por ejemplo les veremos luchar contra la dureza del entorno a la vez que tratarán de espantar a unas vacas entrometidas que quieren comerse su equipo. En otro momento confraternizarán a base de chupitos de vodka con unos rusos que les ayudan a excavar. Todo eso y mucho más. No tiene desperdicio.


Pero la gran virtud de Meteorite Men es también su mayor defecto. Está claro que nadie quiere ver por televisión a dos tíos pasando horas y horas investigando sobre los campos de distribución ni ver a un señor de bata blanca analizando con un microscopio piedrecitas de apenas unos milímetros. La gente quiere acción y quiere divertimiento a partes iguales y la verdad es que eso lo consiguen con creces. Sin embargo, yo echo un poco de menos ver los entresijos y bastidores de todo lo que implica hacer una expedición de estas características. Sería interesante ver como preparan sus viajes o cómo hacen la investigación del terreno mucho antes de hacer las maletas y tomar el avión de turno.

En lugar de eso, veremos a los intrépidos Geoff y Steve bajarse de un todoterreno pertrechados con sus sombreros de cowboy y sus detectores de metales para ponerse casi de inmediato a rastrearlo todo. Los primeros hallazgos no tardan en llegar dando la impresión de que encontrar meteoritos es una tarea que cualquiera puede hacer. Quien piense eso y se vaya a buscar por el monte se va a llevar una buena decepción. Encontrar meteoritos es algo muy pero que muy difícil. De hecho, una de las principales virtudes de un buen cazador de meteoritos es la paciencia, el tener la suficiente fortaleza mental como para pasarse largas jornadas a la intemperie sin encontrar absolutamente nada.

En resumidas cuentas, Meteorite Men es un programa divertido, que entretiene y que da a conocer a la gente cómo es un poco este mundillo. Solo por eso merece la pena que le echéis un vistazo a algún que otro capítulo. Eso sí, tened en cuenta que únicamente se encuentra en inglés.

10 de diciembre de 2014

Meteoritos metálicos

Una vez fueron parte del núcleo de un gran asteroide. Los meteoritos metálicos, también conocidos como sideritos, están esculpidos por la acción del aire y el calor al atravesar la atmósfera a enormes velocidades. En ocasiones pareciera incluso como si alguien hubiese moldeado con sus dedos un bloque de arcilla húmeda, dejando marcadas suaves hendiduras a las que llamamos regmagliptos. Pero su apariencia no debe confundirnos ya que los meteoritos metálicos son extremadamente duros.

A pesar de que apenas suponen un 5% de todos los meteoritos que caen, su alta densidad les permite resistir mejor la ablación atmosférica si los comparamos con los meteoritos de tipo rocoso. Eso significa que pueden llegar a impactar contra la Tierra fragmentos de mayores dimensiones capaces de provocar mucha más destrucción. Para hacernos una idea: un meteorito metálico del tamaño de una pelota de fútbol puede pesar más o menos unos veinticinco kilos. Aproximadamente el doble que si estuviera formado por roca.

meteorito metálico
Meteorito metálico con muchos regmagliptos

Los sideritos están compuestos principalmente por una mezcla de hierro y níquel aunque pueden contener además otros elementos en proporciones menores como carbono, cobalto, galio, germanio e iridio. De esta composición se forman dos aleaciones, la camacita y la taenita, que pueden verse en forma cristalizada. Para ello tenemos que cortar con cuidado el meteorito con una sierra de diamante, pulirlo y aplicar ácido nítrico sobre su superficie. Después de esperar unos instantes, aparecerán ante nuestros ojos unos cristales con unas características únicas. No hay nada igual en nuestro planeta.

Ver cómo son estos meteoritos por dentro y cómo crecen los cristales de camacita y taenita nos permite hacer una clasificación según su morfología interna. Lo que tenemos en cuenta aquí es la proporción de níquel que tiene el ejemplar así como el tiempo que ha tardado en enfriarse el metal. Unas líneas finas evidencian un enfriamiento rápido mientras que unas gruesas nos cuentan que el proceso ha sido más lento. 

Dicho esto, podemos encontrarnos con los siguientes tipos:

Hexaedritas: llamados así porque forman cristales hexaédricos (de seis caras). Contienen menos de un 6% de níquel. Cuando esto ocurre solo se forma camacita. Al ser cortados y tratados presentan unas líneas paralelas conocidas como líneas de Neumann.

Octaedritas: forman cristales octaédricos (de ocho caras). Tienen entre un 6% y un 17% de níquel. En estos casos nos encontramos con bandas tanto de camacita como de taenita, que se entrelazan formando lo que se conoce como estructura de Widmanstätten. Son unas líneas que crean un entramado realmente espectacular. En función del grosor de estas líneas, las octaedritas pueden clasificarse a su vez en:

- Muy finas: menos de 0,2 mm.
- Finas: hasta 0,5 mm.
- Medias: hasta 1,3 mm.
- Gruesas: hasta 3,3 mm.
- Muy gruesas: más de 3,3 mm.

Ataxitas: reciben su nombre de la palabra ataxia, que viene del griego y significa desorden. Poseen más de un 17% de níquel. En estos meteoritos casi todo es taenita de modo que la camacita es inapreciable a simple vista. No se forman líneas de ningún tipo.

Anómalos: aquí encontramos aquellos tipos de meteoritos metálicos raros con composiciones inusuales.


Sabemos que los sideritos formaron parte del núcleo de un cuerpo diferenciado, probablemente de un asteroide lo suficientemente grande como para que su propia gravedad provocara que los elementos más pesados, como el hierro, se hundieran hacia el corazón del mismo. En un momento dado, debió producirse un choque tan violento que los fragmentos del núcleo salieron disparados al espacio y cayeron aquí en forma de meteoritos.

La Tierra, al igual que los grandes asteroides, es también un cuerpo diferenciado cuyo núcleo está formado de hierro y níquel. El problema es que el interior se encuentra a más de 6.000 kilómetros de profundidad donde la presión es millones de veces superior a la de la superficie y se alcanzan temperaturas de varios miles de grados. Aunque pueda parecer romántico, hacer un viaje al interior de la Tierra al más puro estilo de la novela de Julio Verne es hoy por hoy absolutamente imposible. Los meteoritos metálicos son por lo tanto la mejor manera que tenemos para conocer como son las ardientes profundidades que se hallan bajo nuestros pies.

4 de diciembre de 2014

El negocio de los asteroides

La Tierra vista desde el espacio es un hermoso punto azulado. Un planeta lleno de belleza, vida y recursos naturales donde hemos tenido la gran suerte de existir. Pero nada es eterno. La población mundial está aumentando sin control, las personas siguen consumiendo a un ritmo desenfrenado y los países rodean la cabeza ante un problema que ya es inminente. De seguir así, muy pronto no habrá nada para nadie y nuestro mundo no podrá ofrecernos lo que precisamos para cubrir nuestras necesidades más básicas.

Quizá en el futuro la solución la tendremos que buscar ahí fuera. En ese sentido, el espacio nos brinda un sinfín de oportunidades que deberemos aprovechar si queremos prosperar como especie. Lo que en este artículo vais a leer puede sonar ciencia ficción, pero lo cierto es que algunos "visionarios" ya se han dado cuenta del problema y han fundado empresas, como Planetary Resources o Deep Space Industries, que pretenden sacar beneficio de la necesidad. Su objetivo: extraer recursos de los asteroides.


Los asteroides son ricos en materiales que escasean en la Tierra. Metales empleados en la industria como el hierro, o preciosos como el oro y el platino, pueden encontrarse y extraerse de estas rocas espaciales en abundancia. De hecho, ya lo estamos haciendo en cierto modo. Algunas de las minas más productivas de la Tierra se encuentran en lugares donde hace millones de años impactaron meteoritos que contenían estos valiosos recursos. Pero si hay un elemento verdaderamente imprescindible para nosotros, ese es el agua.

Dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O) forman la base de las tres cuartas partes de nuestro organismo. Ahora bien, el agua no solo sirve para bebérnosla sino que también juega un papel fundamental en la exploración espacial. Si la descomponemos y separamos sus átomos, podremos obtener hidrógeno líquido, el combustible que utilizan los cohetes para propulsarse. Un solo asteroide podría contener suficiente agua como para suministrar combustible al programa espacial durante años.

El mayor reto será aprovechar todo eso aquí en la Tierra puesto que el mero hecho de mandar una sonda a un asteroide y traerla de vuelta supone ya de por sí un gasto enorme. Podría ser entonces interesante procesar, almacenar y utilizar los recursos directamente en el espacio. De este modo, utilizaríamos los asteroides como una especie de minas espaciales y estaciones de repostaje para reabastecer a las naves tripuladas que se dirijan a Marte o más allá. Somos conscientes de que esto es ir demasiado lejos en la imaginación pero ciertamente no es algo imposible de conseguir con tiempo e inversión.

Mientras tanto, lo más sensato será que seamos responsables y cuidemos de la Tierra. Es nuestro hogar, el único sitio en el Universo que conocemos donde podemos vivir. Podemos y debemos utilizar las energías renovables en la medida de lo posible y hacer un uso eficiente y sostenible de los recursos naturales. Sabemos que nada es eterno. Estamos aquí de paso. Sobre nuestros hombros está la obligación de luchar para que las futuras generaciones puedan disfrutar durante mucho tiempo de este hermoso planeta azulado.